Una de las paradojas que
vivimos en la actualidad es que, en la "era de la comunicación", hay
una fuerte sensación de incomunicación. Los avances tecnológicos
(Internet, fax, teléfonos celulares, videoconferencia, etc.) reducen
distancias, reducen los tiempos; pero no han logrado reducir la
soledad, la falta de entendimiento mutuo, no han facilitado resolver
los problemas que tenemos al comunicarnos unos con otros.
"Todo vivir humano ocurre en
conversaciones y es en ese espacio donde se crea la realidad en que
vivimos."
Humberto Maturana
(Biólogo)
Al centrarnos en la
comunicación como transmisión de información, dejamos de ver el
costado humano de la misma. Es por ello que hablamos de
"Conversaciones", como una forma de distinguir la capacidad humana
de utilización del lenguaje. Es a través de las conversaciones
(internas y públicas) que los seres humanos coordinamos acciones,
reflexionamos, nos expresamos, damos sentido al acontecer y a
nuestro hacer, nos relacionamos unos con otros.
"En el conversar construimos nuestra
realidad con el otro. No es una cosa abstracta. El conversar es un
modo particular de vivir juntos en coordinaciones del hacer y el
emocionar. Por eso el conversar es constructor de realidades."
Humberto Maturana
La calidad de
conversaciones que mantenemos determinan la calidad de nuestras
relaciones. Por ejemplo, muchos de nuestros problemas relacionales
surgen cuando prensamos que el otro debe hacer, o debió haber hecho,
algo que no hace o hizo (o no debió haber hecho algo que sí hizo).
Juzgamos (en nuestra conversación interna) el actuar del otro en
base a nuestras creencias, nuestras expectativas, nuestros deseos.
Por supuesto, el otro hace lo que hace en base a sus propias
creencias, deseos, necesidades. A partir de allí surgen tres
posibilidades básicas en cuanto al lenguaje:
- No dialogar:
Tal vez por miedo, por vergüenza, por resignación o resentimiento,
no decimos nada. Nos quedamos en nuestra conversación interna, donde
probablemente la otra persona ni se entere lo que está ocurriendo.
Todo queda en el nivel de "mundo interno", donde nada sucede en la
trama vincular. La relación termina siendo cada vez más distante,
inefectiva, con malestar.
- Conversar
ineficazmente: Hablamos atacando, desde la imposición, echando
culpas, castigando, criticando, buscando tener razón, quejándonos.
No hay comunicación sino "emisión de comunicados". La relación
termina en pelea, en la mutua destrucción, con vencedores y
vencidos.
- Conversar
efectivamente: Hablamos desde lo que sentimos, queremos y
necesitamos (así nos cuidamos a nosotros). Desde el respeto hacia el
otro como un legítimo otro (así cuidamos al otro). Nos importa
escucharnos. Aceptamos que, como seres humanos, cometemos errores.
Pedimos disculpas, reclamamos en caso de un compromiso no cumplido.
Hacemos importante la relación y lo que nos interesa hacer juntos.
Así, el vínculo se fortalece y profundiza, y la comun-ic-ación
promueve la acción en común.